Una persona puede vivir sin estómago. Y hoy quiero compartir, desde mi propia experiencia, cómo estoy haciendo todo lo posible para volver a vivir con normalidad, a disfrutar de mi vida y a sentirme, poco a poco, como cualquier otra persona.
Después de tres meses de la operación, puedo decir que empiezo a salir de la tormenta. Por fin empiezas a ver luz al final de un túnel que, durante mucho tiempo, parece interminable. No voy a decir que todo está superado ni que el camino es fácil, porque todavía queda recorrido, pero sí puedo decir algo que para mí es enorme: estoy avanzando.
Aunque todavía llevo relativamente poco tiempo operada, quiero ir compartiendo actualizaciones para que se pueda ver la evolución real, con sus avances, sus cuidados y también sus dificultades. Porque creo que mostrar el proceso tal y como es puede ayudar a otras personas que estén pasando por algo parecido.
A los tres meses, me encuentro bien. Puedo comer, puedo hacer vida prácticamente normal y cada día recupero un poco más de esa sensación de libertad que tanto echaba de menos. Eso sí, sigo teniendo muchísimo cuidado con la cicatrización y con evitar cualquier lesión, porque todavía hay que respetar los tiempos del cuerpo.
Y si hay algo que, sin ninguna duda, ha marcado la diferencia en mi recuperación, ha sido el deporte.
Mi gran consejo, siempre y cuando tu cirujano te dé el visto bueno, es empezar a moverte cuanto antes y recuperar la actividad física progresivamente. El movimiento, para mí, ha sido una parte fundamental de la recuperación. Me ha ayudado física y mentalmente, me ha devuelto fuerza, confianza y, sobre todo, la sensación de que puedo volver a tener una vida plena.
Porque sí: se puede salir de la tormenta. Se puede volver a disfrutar. Se puede volver a vivir.
Y yo voy a seguir compartiendo este camino para demostrarlo.